La ansiedad es una respuesta natural del organismo ante el peligro: nos
prepara para reaccionar. Se vuelve un problema cuando aparece sin una amenaza real, cuando su
intensidad es desproporcionada o cuando se mantiene tanto tiempo que empieza a limitar tu
vida: dejas de salir, evitas situaciones, no puedes descansar.
La depresión no es simplemente estar triste. Es un cuadro sostenido donde se
pierde la capacidad de disfrutar, la energía disminuye, la autocrítica se intensifica y hasta
las tareas más simples empiezan a requerir un esfuerzo desproporcionado.
Ambas condiciones aparecen frecuentemente juntas. Una persona con ansiedad
sostenida puede desarrollar desánimo por el desgaste que implica; una persona con depresión
puede desarrollar ansiedad ante la sensación de no poder con su vida.